Amor



El amor es una llama

imposible de apagar...
                                                   
                                                       LLegando al alma

                                                       a despertar. 

Esperanza, recibir,

serenidad, abrigo...

                                                       LLegando al dolor

                                                       a matar.

Certeza, dar,

entusiasmo, libertad...

                                                        LLegando a la vida

                                                        a abrazar.

Poesía es consuelo de disconformes



La poesía es un consuelo para los disconformes

el estudio memorístico es una costra cansada

la investigación es un disparo bien orientado

 la filosofía es un relativo acierto equivocado

el cine es aceptar una imitación, no soñar...

...Poesía es consuelo de disconformes

si todo fuera como debería ser

¡no haría tanta falta la poesía!


Poesía del cambio



Si lo que quieres es

aire nuevo, alejarte

renovar, escapar...

No es necesario

que te vallas lejos,

juntos podemos construir

poco a poco un lugar.

Máquina del tiempo



Tantos sueños olvidados

una melodía

un rostro que asoma

tras una pared.

La pandilla

aquellos amigos

¿lo recuerdas?

¡estuvo bien!

Noches de bailes

e ilusión

no existían

ni las mentiras

ni la corrupción.

Rostros, melodías, espacios

humo, alcohol, luces

atardeceres, madrugadas y amores.

El día brilla más que nunca

salgo a pasear con un amigo

los pelos de punta

una máquina del tiempo

tú estás en todos los sitios

tan sólo puedo ver

flores, sonrisas y amor.

Oleaje en el mar



Olvidándote de olvidar
jugando con las posibilidades
el destino quieres anticipar.


                                                                   Puedes quejarte o admirar
                                                                   la vida a todos nos lleva
                                                                   como oleaje en el mar.

Nadie sabe ni sabrá
de lo que es capaz
si no enfrenta a su par


                                                                   Puedes quejarte o admirar
                                                                   la vida a todos nos lleva
                                                                   como oleaje en el mar.


Dos opciones para adivinar
abandonarte y hundirte
o esforzarte y flotar.


                                                                   Puedes quejarte o admirar
                                                                   la vida a todos nos lleva
                                                                   como oleaje en el mar.

Ilusión



 Ilusionarse, ¿Para qué?

nunca un amanecer

mantuvo un amor.



Ilusionarse, ¿Para qué?

la oscuridad de la luz

no va a alumbrar.



Ilusionarse, ¿Para qué?

la ilusión no puede calmar

lo peor del dolor.



Ilusionarse, ¿Para qué?

si la poesía se funde con la noche

mi alma ya no te podrá confortar.

Teresa


"No llores porque ya se terminó... sonríe, porque sucedió". Gabriel García Márquez


Ya desde lejos me pareció reconocerla. ¿Será ella?... ¡Qué sea ella, qué sea ella! -pienso- ¡Sí! es ella. Me acerco a saludarla; la noto contenta y tengo que contenerme para no abrazarla. Noto su perfume, es refrescante y sofisticado a la vez. Intuyo todo un mundo nuevo. Su mirada, y su forma de expresarse me lo confirman. No sé si se estará dando cuenta de lo que siento, pero apuesto a que sí. Siempre ha existido una especie de telepatía entre nosotros. Por eso precisamente puedo sentir el muro que ella está levantando para que no me acerque demasiado. A pesar de ello, hablamos amistosa y naturalmente. No sé cuanto tiempo ha pasado desde que nos vimos por última vez. Me sigue pareciendo igual de encantadora que siempre, y ahora recuerdo que tiene algo especial; sabe sonreír cuando nadie más lo haría. Eso es algo que he aprendido a valorar más con el tiempo. El llanto en una mujer es algo relativamente fácil, pero siempre penoso para el hombre que lo comparte. Teresa nunca hizo de las lágrimas algo vulgar ni lo transformó en baladí. Su sonrisa, por el contrario, siempre era excepcional y generosa.
Teresa forma parte de una época que me gusta recordar. Éramos más ingenuos, pero ella, ya entonces, tenía una sabiduría que salía a relucir cuando menos me lo esperaba. Bastantes veces he pensado en ella y en como estaría. Sabía ser práctica como nadie, sin llegar a ser materialista. Y siempre se encargaba de quitarle hierro a todo. Nunca sabrá cuanto le debo por eso. Me ayudó a suavizar la parte más tremendista y salvaje que yo tenía por aquel entonces. Tengo que decir que Teresa me dejó. No fue nada trágico, y sería imposible guardarle rencor por ello. Decía que no podía darle el tipo de relación que ella quería. Yo entonces pensaba -o quería pensar- que sí, y que aquello sólo era una excusa para dejarme manteniendo su conciencia limpia. Pero ahora tengo que reconocer que no fue un error y que una parte de mí, al poco, se sintió bastante mejor. Yo aún tenía que vivir otras etapas, y eso hubiera sido imposible de haber permanecido anclado en la comodidad de la inercia cotidiana. Teresa me conocía mejor de lo que yo me conocía a mí mismo; varias veces acertó en el centro de la diana con sus apreciaciones personales, y con el transcurrir del tiempo, más claramente he podido constatarlo.
Sin duda, todavía queda algo entre nosotros. No es ese apasionamiento del comienzo de cualquier relación juvenil, es ya la satisfacción serena del agradecimiento por el cariño que nos dimos. Tanto ella como yo hemos cambiado, pero aquí estamos los dos ¡cosas de la vida! como antiguamente. Ella siempre acaba hablando y hablando, y yo admirándola en silencio por su comprensión de lo humano y lo divino. Me sigue pareciendo graciosa su forma de expresarse, a veces entre inocente y pícara. Quiero preguntarle si tiene pareja, pero me parece un poco brusco hacerlo directamente, así que pruebo a lanzarle una indirecta. Ella la capta al instante; tiene pareja. No ha tenido hijos. Seguimos hablando un poco más, hasta que tímida y fugazmente, como avergonzándose del centelleo de su mirada, me dice que se tiene que ir. Sin entender muy bien por qué, me quedo clavado... escuchando latidos sin dueño. Mirándola mientras se aleja. Detrás de mí unos niños corretean y gritan, enloquecidos.